lunes, 18 de abril de 2011

Nicolás Guillén "A Julieta"

Les comparto uno de mis poemas favoritos. Buscaba un link al texto y con sorpresa vi que nadie lo había subido a la web, de modo que decidí hacerlo yo.


A JULIETA

Pues aquí tiene usted, Julieta
como por fin
enseño mi oreja de poeta.
Pero un poeta sin spleen
y sin ninguna
de esas pegajosas miradas extravagantes
a la Luna, que con su cara redonda llena de harina,
turbaba la inocencia de los poetas de antes,
cuando el baño era un crimen mayor que usar chalina.
Un poeta sin dolor mentiroso,
ni anhelo de morir,
sino con el sencillo gozo de ir
hacia usted... De ir hacia usted corriendo
como quien va al través de un campo en primavera,
tragando el aire húmedo en la carrera,
el pie desnudo sobre el camino desigual,
la piel sudada bajo el sol matinal,
y acezar como un buen perro fiel,
y tener en los ojos un gran brillo auroral,
y en los labios un gran sabor de miel.

¡Qué quiere usted, si soy un niño!
Me gustan los pequeños
goces de ser irresponsable, de encontrar el cariño
de la gente, de fabricarme dueños;
de buscar quien acuda
a resplandecer en mi duda
o a sujetar mis empeños
desbocados. Le juro a usted que aún creo en esas magas
historias del pirata, del bandido y del duende,
y que tengo el espíritu fresco como un gran río.
Debe ser que, lo mismo que le pasa a Emilio Ballagas,
primaveral poeta amigo mío,
yo también "a mis pies apaciento un rebaño de sueños".
En fin, no se. Pero usted me comprende.
¿Qué le decía? ¡Ah, sí! que soy un niño.
(Perdone el desaliño
del poema; es que estoy escribiendo de prisa.)
Pues bien: ello es que, niño y todo,
la busco a usted. Me obsede usted, aunque en verdad
ignoro a estas alturas si es amor o amistad.

He averiguado esto: que su risa
es suave, como un ungüento sobre la piel quemada;
que mira usted de un modo
profundo, desde unos ojos llenos de luz crepuscular;
y que su carne parece amasada con yodo,
con canela, con bronce y con agua de mar.
Me gustaría oírla hablar,
porque las palabras salen de su boca como de un nido:
primero se asoman, y en seguida rompen a volar.

Me gusta verla andar,
correr, saltar... Me hace gracia el medido
tono con que responde
si la llaman... ¿Dónde
su voz se esconde?
- Julieta, por teléfono... Julieta por...
Y usted:
- Sí, voy en seguida. Gracias...

Y es
como si usted sintiera un amable furor
porque le gritaron su nombre. Cosas
de las personas. Las suyas son así.
Amo su inglés
(yo, que odio al yanqui con las más poderosas
fuerzas que hay en mí),
amo su inglés, le digo,
y a veces, hasta sigo
su charla en ese idioma, como si yo entendiera,
pero es que su voz me es grata de cualquier manera.
Como usted ve, la espío.
Ya sé cuando usted llega, cuándo se va;
y hasta sé cuando está
melancólica; cuando se la come el hastío
que hay entre las cuatro paredes de su cuarto. (El amor que se frustra; el vacío
de la vida, ambiciosa de sus torpes mercedes...)
Y, sin embargo, Julieta,
trato de saber más.
Me muerde una secreta
ansia de investigar lo que hay detrás
de usted misma, como un rayo que rasga un pedazo de cielo;
saber cómo es que a veces
su sonrisa se viste
de un relámpago triste;
saber qué amargas heces
apura usted; trepar la cumbre
más alta de su espíritu, y en ella
encender saber dios qué apagada lumbre,
y revivir sabe dios qué muerta estrella.

sábado, 16 de abril de 2011

A 20 años de su muerte de Jaime Guzmán, una lectura de la Constitución desde su pensamiento.


El 1 de abril se cumplieron 20 años desde el homicidio de Jaime Guzmán Errázuriz, intelectual, político, y mártir de la derecha conservadora. La fecha se conmemoró con una romería en el Cementerio General y se oficiaron misas en su recuerdo en diversas ciudades del país, entre ellas una misa en la Catedral Metropolitana, a la que asistieron el Presidente de la República y el Presidente del Senado. Este último señaló que asistía en atención a la “dimensión humana” de Guzmán, quien fue electo democráticamente como Senador y víctima de un crimen político, cuestión que se encontraba por sobre las diferencias ideológicas. No obstante, personas de gran calidad humana hay muchas, y no todas son merecedoras de conmemoraciones públicas y con presencia de las más altas autoridades del Estado.

Lo que le vale a una persona tamaño reconocimiento es la trascendencia de sus obras. La obra de Guzmán, ideólogo de la Constitución de 1980, se encuentra presente hasta hoy en nuestra vida política y constitucional. Según señala Cristi, su relevancia radica en haber logrado imprimir al régimen militar “una forma constitucional que combinó con relativo éxito una economía de mercado y un Estado autoritario” (Cristi:2006:177).

Ya antes del quiebre institucional, Guzmán había apuntado la necesidad de lo que llamaba una nueva institucionalidad para Chile, pues observaba que la Constitución de 1925 era un marco jurídico que había permitido medidas como la reforma agraria bajo la administración de Frei Montalva, y la construcción de una “vía chilena al socialismo” durante el gobierno de Allende. Guzmán encontraría la oportunidad de crear esta nueva institucionalidad al alero del gobierno de facto. Las actas secretas de primera sesión de la Junta de Gobierno, el 13 de septiembre de 1973 consignan que se encargó a Jaime Guzmán el estudio de la promulgación de una nueva Constitución.

Esta nueva institucionalidad, que aunque morigerada por sucesivas reformas constitucionales hasta ahora nos rige, estaría marcada por una ideología autoritaria y neoliberal, influenciada por pensadores como Carl Schmitt y Von Hayek, jurista del nazismo y padre del neoliberalismo, respectivamente.

Guzmán siguiendo a Schmitt, no estimaba que el poder constituyente tuviera necesariamente que ser el pueblo, sino quien fuese capaz de dar forma a la unidad política. En el caso del Chile del 73, los militares, a quienes elevó en la Constitución a garantes de la institucionalidad (norma afortunadamente ya reformada). Ideó una forma de democracia protegida, incorporando numerosos enclaves autoritarios, que dejaban a la Constitución de 1980 con una democracia meramente procedimental, reducida a su mínima expresión.

Si bien la democracia protegida fue superada por la reforma constitucional del año 2005, que legitimó democráticamente gran parte de la Constitución, subsisten hoy piezas claves de ese entramado que impiden la vigencia en Chile de una democracia sustancial. Me refiero a las Leyes Orgánicas Constitucionales, al sistema electoral binominal, y al régimen presidencialista. La concepción de Guzmán, para quien la democracia no era un concepto consustancial al Estado, como tampoco lo era el principio de separación de poderes, hasta hoy nos persigue.

Más vigente aún se encuentra la visión que tenía Jaime Guzmán de los derechos fundamentales, a los que concibe en su dimensión negativa, como libertades frente al Estado, acorde con su concepción de minimalismo jurídico anti estatista. Otorgaba prioridad ontológica al derecho de propiedad, al que estimaba un derecho exclusivamente individual, negando su dimensión social. Guzmán sólo creía en los derechos individuales y rechazaba que los derechos sociales fueran verdaderamente derechos fundamentales. Esta idea se expresa en la formulación que de éstos se hace en el artículo 19 de nuestra Constitución, que transforma a los derechos sociales en libertades de elección.

Las bases de nuestra institucionalidad hoy consagran en gran medida la concepción neoliberal de Guzmán, que desconfiaba de los derechos sociales y no consideraba que fuera la función del Estado generar justica social ni redistribuir la riqueza, pues confiaba esos menesteres a las leyes del mercado.

Nuestro pacto para vivir en la pluralidad, nuestra decisión fundamental, la Constitución, no contempla una cláusula de Estado social, que permitiría hacer de ella una lectura más inclusiva y con perspectiva de justicia social, y cuya consagración cambiaría radicalmente el eje de la Carta Fundamental.

A 20 años de su muerte, sus partidarios junto con llorar su partida, celebran la vigencia de sus ideas. Quienes creemos en un Estado social, en la justicia distributiva y la democracia como principio rector del Estado, debemos pensar qué concepciones queremos expresadas en nuestra Carta Fundamental. Debemos hacer una reflexión colectiva respecto de las reformas que se requieren para que el legado jurídico de Guzmán no nos acompañe por 20 años más.


Columna Publicada en Sentidos Comunes el 16 de abril de 2011